lunes 16 de noviembre de 2009

Las otras literaturas peruanas: desde la marginalidad hacia la inclusión



Ciclo de mesas redondas en la BNP


Para difundir los enfoques críticos en el estudio de las llamadas literaturas periféricas en nuestro país, facilitar un espacio de encuentro para los investigadores de la literatura, la cultura y tradición oral quechua, aimara, andina, amazónica y afroperuana, así como reflexionar y discutir temas relacionados con la identidad, la cultura oral y popular, la Biblioteca Nacional del Perú, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), y Ediciones Huerequeque organizan para el mes de noviembre un ciclo de mesas redondas para abordar este tema.


Nuevas estrategias para su inclusión


En la última década del siglo XXI, el Perú ha experimentado la emergencia de un nuevo corpus literario resultado de las manifestaciones artísticas y culturales de sectores sociales y étnicos procedentes del interior del país. Esta producción oral, popular y en lenguas nativas, es considerada como una literatura marginal, periférica o subalterna, lo cual impide su difusión y valoración en el canon. En este contexto se hace necesario estudiar, reflexionar y dialogar este tema, para entonces discutir las estrategias y las respuestas de inclusión, sin discriminación ni desvaloración de nuestra cultura tradicional.Las mesas se desarrollarán los días 4, 16 y 18 de noviembre de 7:00 a 9:00 p.m en la Sala de Usos Múltiples (SUM) de la BNP, Av. de la Poesía 160 San Borja.

En el programa participan destacados estudiosos de las diversas literaturas como:

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MESA DE LITERATURA AMAZÓNICA 16/11/09

Maggie Romani (UNMSM), Alicia Alonzo (UNMSM), María Chavarría (UNMSM).

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MESA DE LITERATURA AFROPERUANA 18/11/09

José Campos Dávila (UNEGV), Mónica Carrillo (LUNDU) y Milagros Carazas (UNMSM).
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El ingreso es libre

lunes 9 de noviembre de 2009

El sujeto afroperuano en Las consecuencias de Mercedes Cabello

En foto: Mercedes Cabello de Carbonera


Representar al afroperuano en la novela del s. XIX.
Una aproximación a Las consecuencias de Mercedes Cabello



A Esther Castañeda Vielakamen, profesora y amiga


Al cumplirse 100 de la muerte de Mercedes Cabello (Moquegua, 1842 - Lima, 1909), consideramos necesario estudiar su obra apelando a propuestas críticas más afortunadas y objetivas que aquellas recibidas en su contexto. Se trata de una de las principales escritoras de finales del s. XIX, cuya concepción de la novela está estrechamente ligada a la moral, tal como sostiene en sus ensayos y artículos. El presente texto tiene por objetivo realizar una breve aproximación crítica a Las consecuencias, novela de Cabello en la que se aprecia una representación temprana y estereotipada del sujeto afroperuano.

1. El contexto histórico-social.
La narrativa peruana escrita por mujeres en el siglo XIX surge en un contexto que bien puede enmarcarse en dos momentos: antes y después de la Guerra del Pacífico (1879-1884)[1]. En el primero se observa la llegada del civilismo al poder con Manuel Pardo (1872-1876) y el fracaso del proyecto liberal. En el ámbito literario, ocurre una singular apertura que permite que las representantes del “bello sexo” se han invitadas a conferenciar en el Club Literario de Lima o publiquen sus trabajos en los diarios como El Correo del Perú, entre otros. También son muy conocidas las veladas literarias en casa de Juana Manuela Gorriti, argentina llegada al Perú en 1848. Son espacios reducidos como estos que permiten el ingreso de las escritoras ilustradas al mundo de las letras. A partir de entonces nombres como Mercedes Eléspuru y Laso, Rosa Mercedes Riglos, Carolina Freyre de Jaimes, Teresa González de Fanning, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera y otros más, no pasaran desapercibidos.

Lo más significativo ocurre después en un ambiente de postguerra y de reconstrucción nacional. El segundo momento coincide con el impacto de la corriente positivista, las puntuales críticas de Manuel González Prada, el realismo como propuesta literaria; pero, sobre todo, con la publicación de las novelas de todas estas escritoras. Cabe recordar Regina (1886) de Teresa González de Fanning, Jorge o el hijo del pueblo (1892) de María Nieves Bustamante, Un drama singular (1888) de Lastenia Larriva de Llona, Aves sin nido (1889) de Clorinda Matto de Turner, etc.

Es notorio observar que estas escritoras poseen una formación romántica en un primer momento, para luego orientarse al realismo como nueva opción literaria y, más tarde, al positivismo como corriente filosófica muy prestigiosa en la época. Lamentablemente la desidia que mostraron ciertos críticos y la falta de reediciones mantuvo esta narrativa casi en el olvido. De ahí nuestro interés para volver a una de las autoras más significativas de este periodo como es Mercedes Cabello.

2. Apuntes biográficos
Cabello nace en Moquegua en 1842 y llega a la capital a los veinte años de edad. Se casa con el doctor Urbano Carbonera. Era una mujer culta y de agudo criterio. No tuvo exactamente lo que se dice una formación académica. Lo que aprendió lo hizo de manera autodidacta leyendo en la biblioteca de la casa familiar. En el ámbito limeño se dio a conocer gracias a las tertulias literarias que organizaba la Sra. Gorriti tocando piano y leyendo sus propios ensayos de corte feminista y a favor de la educación laica. Estos eran publicados más tarde en los periódicos y semanarios. Vale la pena mencionar por ejemplo: “Influencia de la mujer en la civilización” (1874) y “Patriotismo de la mujer” (1876), que aparecen en El Correo del Perú y en la revista El Album. También son numerosos sus artículos en El Ateneo de Lima, El Perú Ilustrado, La Revista Social, El Comercio, El Nacional y tantos otros.

Al finalizar la guerra publica una a una sus controversiales novelas, para algunos críticos densas y panfletarias. Entre éstas cabe mencionar Sacrificio y recompensa (1887) que fuera premiada en el Concurso Internacional de El Ateneo de Lima, Los amores de Hortensia (1887), Eleodora (1887), Blanca Sol (1888), Las consecuencias (1890), El conspirador (1892). Pero no es lo único, destacan además el estudio filosófico La novela moderna[2] (1892) premiada con la Rosa de oro del Certamen Hispanoamericano de la Academia Literaria de Buenos Aires, el estudio crítico El Conde León Tolstoi (¿1890?) y el ensayo epistolar La religión de la Humanidad, carta al Sr. D. Juan Enrique Lagarrigue (1891). Y para acallar a sus detractores merecedora de otros premios más. Gana la Medalla de Oro por la Municipalidad de Lima por su ensayo “Influencia de las bellas artes en el progreso moral y material de los pueblos” y el Primer Premio del Certamen Literario con su trabajo “Independencia de Cuba”.

Pero luego llegan las agrias críticas que casi coinciden con su ocaso. Cabello sufre depresiones continuas e inicia sus incomprensibles ataques contra diversas personas e instituciones. Es internada en el Manicomio del Cercado en 1900. Más tarde se sabrá que se contagió de sífilis y que su estado correspondía a la última etapa de esta penosa enfermedad, como lo asevera el Dr. Patricio Ricketts luego de estudiar su hoja clínica. Silenciada su obra y perturbada mentalmente su autora, fallece el 12 de octubre de 1909.[3]

3. Hacia una poética de la moral en la novela.
Sin duda Cabello era una persistente lectora pues sus gustos literarios abarcaban desde Víctor Hugo, Balzac, Flaubert, Zolá hasta Tolstoi. Además se sabe que leía filosofía, tratados de Comte y Spencer sobre todo. Es decir, conocía de cerca el romanticismo, el naturalismo y el positivismo, que son justamente los que orientan su novelística.

Su extensa obra puede dividirse en dos etapas[4]. En la primera se dejan notar algunos rezagos del romanticismo. A esta etapa corresponden las novelas publicadas entre 1886 y 1887. El argumento es preferentemente amoroso y el formato en folletín, como suceden con Sacrificio y recompensa y Los amores de Hortensia. En cambio la segunda etapa está marcada por el realismo cuya base se sustenta en ideas positivistas. Corresponden entonces a este ciclo Blanca Sol[5] y El conspirador, por cierto sus novelas de mayor proximidad con la realidad y que causaron una serie de ataques contra su autora.


Lo más llamativo de su producción es que Cabello logra una reflexión muy personalísima con respecto al género novelístico y a la función de la literatura en la sociedad. En “Importancia de la literatura” (1876) adelanta que ésta es “el mejor bruñidor de las malas costumbres y de los hábitos viciosos de una sociedad”[6].

Además en “Un prólogo que se ha hecho necesario” de Blanca Sol completa diciendo que: “el novelista se ocupará en manifestar, que solo la educación y el medio ambiente en que vive y se desarrolla el ser moral, deciden de la mentalidad que forma el fondo de todas las acciones humanas” (p. V). Poner énfasis en el hombre y su medio social estaba acorde con el determinismo de los estudios sociológicos de la época. La influencia de Augusto Comte es notoria en la escritora.[7]

También Cabello consideraba que la moral social estaba basada en lo verdadero, lo bueno y lo bello; de modo que la novela “no solo debe limitarse á la copia de la vida sino además á la idealización del bien” (p. VI). Todo lo que no contribuya a ello debe ponerse en evidencia por medio de “las letras” y es lo que, en realidad, procura lograr su novelística, en cada novela critica las costumbres de su tiempo[8]. De ahí que no se hicieran esperar las protestas y los insultos de los sectores más conservadores.

4. Representar al afroperuano en Las consecuencias
Es curioso observar que las escritoras ilustradas a finales del s. XIX develan además en sus obras un cierto temor a las masas de color, en la representación de personajes secundarios (indios, negros y mulatos) que rodean a los principales, son estos los que amenazan la vida civilizada de los modernos criollos[9]. Tras la guerra del Pacífico, la élite civilista comercial y terrateniente había perdido el poder económico y en su intento de mantenerse en el liderazgo nacional más bien mostraban un cierto pesimismo.

Esto es claro por ejemplo en novelas de Mercedes Cabello, como es el caso de Las consecuencias (1889)[10]. Estamos ante una historia moralizante y romántica. Eleodora se enamora de Enrique, un empedernido jugador que lo perderá todo, degradando incluso a la joven. El amor de Eleodora la lleva a escribir cartas a su amado, éste las recibe por medio de su sirviente Juan. Es muy sintomático el contraste que se señala sobre Juan, un exterior físico negro y un interior espiritual comparable al blanco. Lo inquietante en la novela es esta relación de proximidad entre la heroína Eleodora y el sirviente Juan. La amistad y el cariño de la joven hacia Juan no son correspondidos de la igual forma, ya que éste al parecer esta enamorado de ella y este es un sentimiento que debe ser reprimido a como de lugar:

“Es cierto en el corazón de Juan, existía ese respeto que raya en veneración, el que en las razas inferiores, parece haberse arraigado, como si estuviese adherido á cada uno de los glóbulos de la sangre del individuo, y ese respeto era la salvaguardia de la joven. // Juan comprendía y valorizaba que Eleodora pertenecía á una raza superior. Su naturaleza oprimida y amoldada por el servilismo heredado de sus padres que más desgraciados que él, fueron esclavos, no le permitió ni un momento atreverse á tocar con su mano, la orla del vestido de Eleodora” (pp. 73-74)

Como se aprecia, para la autora es inconcebible la idea de relacionar a estos dos personajes con una pasión más exacerbada, la sola insinuación basta para escandalizar a sus lectores. De ahí que plantee a continuación las diferencias raciales y culturales para establecer una distancia de por medio entre los sujetos, con lo que se establece algunos binarismos importantes: inferior/superior, sirviente/ama.

Por esta razón a Juan se le atribuye una sexualidad que es parte del estereotipo del negro, pero que por su bien debe contrarrestar; en cambio, en Eleodora no hay el menor indicio de atracción hacia el sirviente negro, es algo impensable en la heroína que debe guardar las formas y su pureza (racial).

(... Continuará)

***

[1] Ver Tauzin-Castellanos, Isabelle. “La narrativa femenina en el Perú antes de la Guerra del Pacífico”. En: Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. N° 42, 1995, pp. 161-187; también Denegri, Francesca. El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú. Lima, Flora Tristán – IEP, 1996.

[2] Este bien puede ser considerado un metatexto, es decir un texto que aborda la reflexión sobre el carácter literario de otros textos. En este caso, Cabello discute la concepción de la novela de algunos escritores decimonónicos en relación con las corrientes literarias de su época.

[3] Para mayor referencia sobre su biografía puede consultarse el libro de Augusto Tamayo Vargas. Perú en trance de novela; ensayo crítico-biográfico sobre Mercedes Cabello de Carbonera. Lima, Ediciones Baluarte, 1940.

[4] Véase Castro Arenas, Mario. La novela peruana y la evolución social. Lima, José Godard Ed., 1966, p. 91.

[5] Es esclarecedor el artículo de Esther Castañeda. “A propósito de Blanca Sol. Una novela femenina del s. XIX, de Mercedes Cabello de Carbonera”. En: Moneda. Año 1, N° 9, 1989, pp. 59-61.

[6] Batticuore, Graciela. El taller de la escritora. Veladas literarias de Juana Manuela Gorriti: Lima-Buenos Aires (1876/7-1892). Rosario, Beatriz Viterbo Editora, 1999, p. 144.

[7] Para mayor información revisar Cornejo Quesada, Carlos. “Mercedes Cabello: ideología, literatura y realidad”. En: Cultura. N° 9, 1995, pp. 89-104.

[8] Ver Guerra Cunningham, Lucía. “Mercedes Cabello de Carbonera: estética de la moral y los desvíos no-disyuntivos de la virtud”. En: RCLL. N° 26, 1987, pp. 25-41.

[9] Denegri, Francesca. El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú. Lima, Flora Tristán-IEP, 1996, pp. 138-139.

[10] Cabello, Mercedes. Las consecuencias. Lima, Imp. de Torres Aguirre, 1889.

miércoles 21 de octubre de 2009

Conversación en La Catedral, una lectura crítica



Desear o discriminar el cuerpo del otro (afroperuano).
Una lectura de Conversación en La Catedral

Milagros Carazas
Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Introducción
La novela Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa fue publicada en 1969 y desde entonces ha sido considerada por la crítica como una de sus mejores producciones, en la que muestra un dominio magistral de las técnicas narrativas más audaces de la época. Con más de seiscientas páginas la novela era y es todavía un reto para un lector promedio. El tema principal se centra en la dictadura en el Perú de los años cincuenta. La intención del autor es describir lo mejor posible y de la manera más descarnada la historia de “Zavalita”, teniendo como referente inmediato el gobierno militar del general Odría marcado por la corrupción y la inmoralidad.
Como se recordará, Santiago Zavala, joven de 30 años y editorialista de La Crónica, debe rescatar inicialmente a su mascota de la perrera. Al llegar al local municipal se encuentra con Ambrosio, el antiguo chofer en la casa familiar; así que deciden beber unos tragos en La Catedral, un sucio y apestoso bar del centro de la ciudad. La conversación dura alrededor de cuatro horas y se remonta 15 ó 20 años en el pasado. Santiago está muy interesado en que Ambrosio le cuente la verdad sobre la relación homosexual con su padre, Don Fermín Zavala, y el asesinato de La Musa, antigua amante del poderoso Cayo Bermúdez. Pero Ambrosio prefiere mentir o negar su vinculación con ambos personajes. Así el diálogo se quiebra, Santiago regresa a casa más frustrado que antes y sin respuestas; mientras que Ambrosio, cansado y sin esperanzas, espera su final.
Lo llamativo está en que la novela de Vargas Llosa plantea además una complejidad mayor en el nivel narrativo, con cuatro partes bien definidas y capítulos al interior de cada una. Con lo que es notoria la presencia de un narrador extradiegético-heterodiegético que nos alcanza la perspectiva de Santiago sobre los hechos ocurridos, en tanto que se accede a la voz de los demás personajes actualizando diálogos yuxtapuestos que nos completan la mirada sobre el pasado. Cabe agregar que el narrador vuelve una y otra vez sobre el narratario, para replantear preguntas que se hace el propio Santiago en su interior: “¿En qué momento se había jodido el Perú? [...] Él era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál?” (Vargas Llosa, 1969: I, 13). Es decir, cuándo empezó su degradación y marginalidad, la ruptura con la familia y con la burguesía. No hay respuesta posible y si la hay se duda o se la deja para el final.
De otro lado, Conversación en La Catedral propone también que en esta sociedad representada ocurre un conflicto entre la clase burguesa alta y la clase ascendente mestiza, las cuales intentan sobrellevar las diferencias para compartir el poder. Sin embargo, los prejuicios sociales y raciales así como la discriminación, afloran irremediablemente. Esto se percibe incluso en las relaciones homoeróticas entre los personajes, en especial cuando la corporeidad del sujeto afroperuano es descubierta y produce el deseo o el rechazo, la afectación o el repudio, como sucede en el caso de personajes como don Fermín Zavala, Queta, La Musa hacia Ambrosio y Amalia, respectivamente. Nuestra ponencia intenta reflexionar sobre estas relaciones amorosas y el conflicto interracial que genera el deseo por el cuerpo del otro, en una sociedad patriarcal, machista y prejuiciosa que describe esta novela.

Ambrosio-Don Fermín
En la larga conversación de cuatro horas en el bar La Catedral, Santiago Zavala tiene como único interlocutor a su antiguo chofer Ambrosio; y este último personaje es el que nos llama la atención porque representa al otro, el sujeto que es diferente por la raza y la clase social. En realidad, la novela de Vargas Llosa no intenta describir al afroperuano como primera opción, pero lo hace de algún modo construyendo una imagen sesgada y cargada de prejuicios y estereotipos.
De acuerdo a lo narrado, Ambrosio abandona Mala y viaja a Lima en búsqueda de Cayo Bermúdez, el hombre más poderoso en el gobierno. Este lo contrata como chofer aunque algunas ocasiones hace las veces de matón para el régimen. Más tarde, trabaja en casa del empresario Don Fermín Zavala y se convierte en su amante. Tras la destitución de don Cayo y la muerte de La Musa, huye a Pucallpa en compañía de Amalia. Cuando ella muere y su negocio de la funeraria fracasa, regresa a la capital Es así “desmoronado, envejecido, embrutecido” (Vargas Llosa, 1969: I, 26) que lo encuentra Santiago en la perrera después de muchos años.
Para tener una imagen más acorde con lo planteado en la novela, habría que tener en cuenta cómo Ambrosio es visto por los otros personajes y cuál es su relación con algunos de ellos. En la novela, al contextualizarse en el pasado, describe Ambrosio como un hombre miedoso, inferior y extremadamente servil. Es un zambo “cabizbajo y acobardado” (II, 184), de ojos “atemorizados” (II, 167), con “dientes blanquísimos” y “cara plomiza” (II, 210). Está definido por su servilismo y cobardía, tal como se percibe en dos momentos claves, a saber: primero, cuando Amalia trabaja como mucama en casa de La Musa tiene mucho miedo de que alguien se entere de su relación con ella, en especial don Fermín; y, segundo, cuando le confiesa a Queta que él se reúne con don Fermín en Ancón para tener relaciones, teme que ella se lo cuente a alguien más.
Es interesante apreciar también que los demás personajes coinciden en que Ambrosio no es más que un “pobre negro” o un “pobre infeliz”. Obsérvese la carga negativa que tienen estas dos expresiones que ya descalifican al sujeto afroperuano por no pertenecer al grupo étnico y social dominante de la sociedad peruana, en la que predominan las formas y los valores del sujeto blanco (más exacto criollo). Por ejemplo, Queta, lesbiana y prostituta, es una mujer deseable para Ambrosio. Este se acuesta con ella durante dos años y entablan conversaciones muy íntimas, en que le da a conocer su relación homosexual con su jefe. Ella da muestras de repulsión no tanto por la relación sino más bien por el personaje don Fermín. Leamos un fragmento:

-“Es algo de dar pena –susurró Ambrosio-. A mí me da, a él también. Usted se cree que eso pasa cada día. No, ni siquiera cada mes. Es cuando algo le ha salido mal. Yo ya sé, lo veo subir al carro y pienso algo le ha salido mal. Se pone pálido, se le hunden los ojos, la voz le sale rara. Llévame a Ancón, dice. O vamos a Ancón, o a Ancón. Yo ya sé. Todo el viaje mudo. Si le viera la cara diría se le murió alguien o le han dicho que se va a morir esta noche” (p. 573).

Habría que agregar que en esta extensa conversación entre Ambrosio y Queta, este le revela además que don Fermín se avergüenza, ya que la imagen de empresario exitoso, esposo amoroso y padre ejemplar para la sociedad se desvirtúa hasta revelarse como la de un sujeto feminizado e inferiorizado por sí mismo y su propio discurso. No logra asumir su propia orientación sexual abiertamente. Valga la siguiente cita:

-A veces ni el trago, ni la yohimbina, ni nada –se quejó Ambrosio-. El se da cuenta, yo veo que se da. Pone unos ojos que dan pena, una voz. Tomando, tomando. Lo he visto echarse a llorar ¿ve? Dice anda vete y se encierra en su cuarto. Lo oigo hablando solo, gritándose. Se pone como loco de vergüenza ¿ve?
-¿Se enoja contigo, te hace escenas de celos? –dijo Queta-. ¿Cree que?
-No es tu culpa, no es tu culpa. Un hombre no puede excitarse con un hombre, yo sé.
-Se pone de rodillas ¿ve? –gimió Ambrosio-. Quejándose, a veces medio llorando. Déjame ser lo que soy, dice, déjame ser una puta, Ambrosio. ¿Ve, ve? Se humilla, sufre. Que te toque, que te lo bese, de rodillas, él a mí ¿ve? Peor que una puta ¿ve?” (p. 575).

Como ya se dijo, la novela de Varga Llosa revela también el conflicto interracial presente en la sociedad peruana, así la exclusión del sujeto afroperuano, responde a las normas sociales establecidas y las relaciones de poder. Es interesante observar que incluso este rechazo también puede darse en los espacios de corrupción y de relajamiento de la moral. Ambrosio al sentirse atraído por Queca se atreve a ingresar al burdel de mayor prestigio en Lima, el que es frecuentado por los burgueses adinerados y los militares más influyentes. Entonces su presencia genera repulsión y un malestar generalizado en las prostitutas y los visitantes del lugar:
Ahora bien, la reacción de Queca frente a Ambrosio es contradictoria. Por un lado, acepta sus insinuaciones y encuentros sexuales a cambio de dinero; y, por otro lado, lo desprecia reiteradamente cada vez que tiene oportunidad.

“-Tanto apuro para subir, para pagarme lo que no tienes –dijo, al ver que él no hacía ningún movimiento-. ¿para esto?
-Es que usted me trata mal –dijo su voz, espesa y acobardada-. Ni siquiera disimula. Yo no soy un animal, tengo mi orgullo.
-Quítate la camisa y déjate de cojudeces –dijo Queta- ¿Crees que te tengo asco? Contigo o con el rey de Roma me da lo mismo, negrito” (II, 227).

De este modo acabamos de apreciar que en Conversación en La Catedral, Ambrosio resulta un personaje secundario signado por lo más negativo, descrito apelando a estereotipos y prejuicios raciales. De ahí que sea el “zambo” rechazado por los demás por su condición étnica y económica, que no puede moverse en determinados espacios sociales y que ha interiorizado un sentimiento de inferioridad aceptando como natural un trato despectivo y ofensivo; y, sobre todo, es también el “pobre negro” que cumple un rol de sirviente, para el patrón que lo ve únicamente como un objeto sexual. Al final, no es capaz de sobrevivir en una sociedad que lo margina y no le ofrece oportunidades.

Amalia-La Musa-Queta
Continuando esta lectura, vale la pena centrarse en el personaje Amalia, una joven afroperuana que trabaja como mucama en casa de Hortensia, más conocida como La Musa y amante de don Cayo Bermúdez. Es bastante llamativo apreciar cómo se van dando los encuentros y conversaciones entre Amalia y La Musa así como Queta quienes, como ya se mencionó con anterioridad, llevan abiertamente una relación lésbica, incluso para el propio don Cayo. Es más, es él quien la trae del burdel y la aloja en la casa.
Lo primero que llama la atención en la novela es que Hortensia muestra un interés inusitado y exagerado por la limpieza del cuerpo de sus empleadas, entiéndase Carlota y la propia Amalia. Esta tiene que develar su desnudez ante la señora mientras se ducha, con el pretexto de comprobar el correcto baño personal. La visión del cuerpo femenino, joven, húmedo y limpio es motivo de una mirada cargada de deseo y una carcajada complaciente de parte de La Musa. Como se lee en la siguiente cita:

“Y media hora después, cuando Amalia, los dientes chocándole, estaba bajo el chorro de agua, la puertita del cuarto de baño se abrió y apareció la señora en bata, con un jabón en la mano. Amalia sintió fuego en el cuerpo, cerró la llave, no se atrevía a coger el vestido, permaneció cabizbaja, fruncida. ¿Tienes vergüenza de mí?, se rió la señora. No, balbuceó ella, y la señora se rió otra vez: te estabas duchando sin jabonarte, ya me figuraba; toma, jabónate bien. Y mientras Amalia lo hacía –el jabón se le escapó de las manos tres veces, se frotaba tan fuerte que le quedó ardiendo la piel-, la señora siguió ahí, taconeando, gozando de su vergüenza, también las orejitas, ahora las patitas, dándole órdenes de lo más risueña, mirándola de lo más fresca. Muy bien, así tenía que bañarse y jabonarse a diario y abrió la puerta para salir pero todavía echó a Amalia qué mirada: no tienes por qué avergonzarte, a pesar de ser flaquita no estás mal. Se fue y a lo lejos otra carcajada” (p. 211).

Ahora bien, en otra escena se describe lo inverso, es decir, es Amalia quien tiene la oportunidad de contemplar la desnudez de la señora mientras ésta está en la tina de baño. En todo caso, la mirada de Amalia es de curiosidad, perplejidad e incomodidad ante otro cuerpo semejante al suyo; mientras que La Musa aprovecha la misma circunstancia para insinuarse indirectamente aunque sin éxito. Así es claro en esta cita:

“El vaho cubría el cuarto, todo era tibio y Amalia se detuvo en la puerta, mirando con curiosidad, con inquietud, el cuerpo blanco bajo el agua. La señora abrió los ojos: qué hambre, tráemelo aquí. Perezosamente se sentó en la tina y alargó las manos hacia la bandeja. En la atmósfera humosa, Amalia vio aparecer el busto impregnado de gotitas, los botones oscuros. No sabía dónde mirar, qué hacer, y la señora (con ojos regocijados comenzaba a tomar su jugo, a poner mantequilla en la tostada), de pronto la vio petrificada junto a la tina. ¿Qué hacía ahí con la boca abierta?, y con voz burlona, ¿no te gusto? Señora, yo, murmuró Amalia, retrocediendo, y la señora una carcajada: anda, recogerás la bandeja después” (p. 212).

Pero la escena que más va a sorprender e inquietar sobre manera a Amalia ocurrirá varios capítulos después en la novela. Cuando ella ingresa a la habitación para limpiar y encuentra a La Musa y Queta compartiendo la cama y exhibiendo su desnudez, en otras palabras, descubre el significado del lesbianismo por primera vez. Veamos a continuación:

“Se quedó helada: ahí estaba también la señorita Queta. Parte de las sábanas y del cubrecama se habían deslizado hasta la alfombra, la señorita dormía vuelta hacia ella, una mano sobre la espalda morena de la señorita, un hombro blanco, un brazo blanco, los cabellos negrísimos de la señora que dormía hacia el otro lado, ella cubierta por las sábanas. Siguió su camino, el suelo parecía de espinas, pero antes de salir una invencible curiosidad la obligó a mirar: una sombra clara, una sombra oscura, las dos tan quietas pero algo raro y como peligroso salía de la cama y vio el dragón descoyuntado en el espejo del techo” (p. 229).

Nuevamente la visión del cuerpo femenino ahora duplicado y en contraste resulta más que perturbador para Amalia, hay cierta curiosidad lasciva y parece amenazar su propia heterosexualidad.
Ahora falta saber qué ocurre durante el encuentro entre Queta y Amalia. Al parecer la presencia de la mucama en la casa había sido tema de conversación entre ambas amantes, así cuando Queta conoce finalmente a Amalia le parece muy atrayente, como confirmando lo dicho entre ambas. La mirada de Queta a la joven es más que lujuriosa, aprovecha varias ocasiones para coquetear usando un lenguaje lúdico y dotado de insinuaciones, incluso busca el acercamiento físico. Así lo ejemplifica esta cita:

“La primera vez que vio a Amalia se la quedó mirando con una sonrisita rarísima, y la examinaba y la miraba y se quedaba pensando […] Así que tú eres la famosa Amalia, por fin te conozco. ¿Famosa por qué, señorita? La que roba corazones, la que destruye a los hombres, se reía la señorita Queta, Amalia la malquerida” (p. 234).

O esta otra cita:

“Y de repente la agarró a Amalia de la muñeca, ven, ven, mirándola con que malicia, no te me vayas. Amalia miró a la señora pero ella estaba mirando a la señorita con picardía, como pensando qué vas a hacer, y entonces se rió también. Oye, qué bien te las buscas, chola, y la señorita se hacía la que amenazaba a la señora, ¿no me andarás engañando con ésta, no?, y la señora lanzó una de sus carcajadas: sí, te engaño con ella. Pero tú no sabes con quién te está engañando esta mosquita muerta, se reía la señorita Queta. A Amalia le empezaron a zumbar las orejas, la señorita la sacudía del brazo y comenzó a cantar ojo por ojo, chola, diente por diente, y miró a Amalia y ¿en broma o en serio?, dime Amalia, ¿en las mañanas después que se va el señor vienes a consolar a la chola? Amalia no sabía si enojarse o reírse. A veces sí, pues, tartamudeando y fue como si hubiera hecho un chiste. Ah bandida, estalló la señorita Queta, mirando a la señora, y la señora, muerta de risa, te la presto pero trátamela bien, y la señorita le dio a Amalia un jalón y la hizo caer sentada en la cama. Menos mal que la señora se levantó, vino corriendo, riéndose forcejeó con la señorita hasta que ésta la soltó: anda vete, Amalia, esta loca te va a corromper” (p. 238).


Es oportuno apuntar que el juego de miradas y el diálogo cómplice entre ambas expresa la atracción física que experimentan por la joven afroperuana o, mejor dicho, por el cuerpo del otro. En la escena descrita Amalia, entre avergonzada e ingenua, en medio de las dos mujeres, es el objeto sexual disputado por dos amantes, aunque se trate de un teatralización cómica de un trío amoroso. Lo cierto es que cuando La Musa interviene para liberar a la joven del juego, sus palabras encierran un sentido que sanciona también negativamente su propia opción sexual y, por consiguiente, su relación con Queta.
Por último, dicha relación entre la señora y la señorita, tantas veces referida, se concretiza al describirse el acto sexual. Curiosamente aparecen Hortensia, Queta y don Cayo en la habitación rodeada de espejos que multiplican extrañamente los cuerpos. En un primer momento, sentado en el sofá él observa pasivamente a las mujeres enlazadas en la cama; luego incitado por la escena intenta asumir un rol más activo tratando de copular con alguna de ellas pero falla. Leamos con detenimiento la cita siguiente:

“Las oía respirar, jadear, sentía el suavísimo crujido de los resorte, y vio las piernas de hortensia desprenderse de las de Queta y elevarse y posarse sobre ellas, vio el brillo creciente de pieles y ahora podía también oler. Sólo las cinturas y las nalgas se movían, en un movimiento profundo y circular, en tanto que la parte superior de sus cuerpos permanecían soldados e inmóviles […] Fue hacia la cama con la correa en alto, sin pensar, sin ver, los ojos fijos en la oscuridad del fondo, pero sólo llegó a golpear una vez: unas cabezas que se levantaban, unas manos que se prendían de la correa, jalaban y lo arrastraban. Oyó una lisura, oyó su propia risa. Trató de separar los dos cuerpos que se rebelaban contra él y se sentía empujado, aplastado, sudado, en un remolino ciego y sofocante, y oía los latidos de su corazón. Un instante después sintió el agujazo en las sienes y como un golpe en el vacío. Quedó un momento inmóvil, respirando hondo, y luego se apartó de ellas, ladeando el cuerpo, con un disgusto que sentía crecer cancerosamente. Permaneció tendido, los ojos cerrados, envuelto en una modorra confusa, sintiendo oscuramente que ellas volvían a mecerse y jadear” (pp. 229-330).

Como se indica líneas arriba, irónicamente, el hombre más poderoso y temido del país, no logra romper la unión de cuerpos femeninos que han dado forma en su performance lésbica las protagonistas. De esta manera don Cayo expone una debilidad física y sexual que lo limita, que no encaja con la imagen que muestra en la sociedad exterior, la de un hombre dominante, machista, grosero y agresivo.

Reflexión final
Ahora bien, no podemos descuidar la historia de Santiago Zavala, el personaje central. Se trata de un pequeño burgués que no quiere serlo porque de alguna manera se siente culpable, por eso trata de rehuir la decadencia del régimen dictatorial con la que se ha involucrado su padre y gracias a la cual su familia disfruta de ciertos privilegios; pero su historia es, además, la de cualquier otro peruano promedio (sin aspiraciones, acomplejado y prejuicioso), que fracasa en un país subdesarrollado. Es necesario observar entonces el significado que cobra el verbo “joder” así como su variante “jodido”, que se aplica a Santiago, Carlitos, Ambrosio y, por extensión, al Perú de los años cincuenta.
Pero, ¿cómo es el Perú? La imagen que nos proporciona la novela es la de un “burdel”; es decir, un espacio para la corrupción, la inmoralidad y la prostitución. Estas son las mejores características que describen el régimen de Odría y a todos sus aliados. Como bien opina el propio Cayo Bermúdez, la misma encarnación del poder: “Éste no es un país civilizado, sino bárbaro e ignorante” (I, 139). Asimismo la Universidad de San Marcos, que “era un reflejo del país” (I, 109), es descrita también como un “burdel”. En buena cuenta es una imagen repetitiva que va adquiriendo un sentido que trasciende más allá de la novela y afecta a cualquier lector, en este caso, a nosotros mismos.

*** Ponencia leída el día martes 20 de octubre de 2009, en el Coloquio Internacional Interdisciplinario Amores de(s)generados. Homoerotismo en el Perú y Latinoamérica: saberes, discursos y sujetos, organizado por el Grupo de Estudios Literarios Lationamericanos Antonio Candido y la Universidad Nacional Federico Villarreal.

lunes 19 de octubre de 2009

Ponencia "Desear o discriminar el cuerpo del otro (afroperuano)" en CCE


COLOQUIO INTERNACIONAL INTERDISCIPLINARIOAMORES DE(S)GENERADOSHOMOEROTISMO EN EL PERÚ Y LATINOAMÉRICA: SABERES, DISCURSOS Y SUJETOS


LUGAR: Centro Cultural de España (Natalio Sanchez 181. Santa Beatriz).


PROGRAMA

Martes 20 de octubre

Hora 5:00 p.m.
Inauguración del Coloquio por parte del GRUPO DE ESTUDIOS LITERARIOS LATINOAMERICANOS ANTONIO CÂNDIDO (GELLAC).

Hora 5:10 p.m.Mesa: Homoerotismo en la literatura latinoamericana

Estefanía Peña Steel (Instituto de Lingüística y Literatura, Universidad Austral de Chile). “El migrante homoerótico en El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata”.
Janet Díaz Manunta (Universidad Nacional Mayor de San Marcos). “Legalidad y clandestinidad en ‘La misteriosa metáfora de tu cuerpo’ de Doris Moromisato”.
Milagros Carazas Salcedo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos). “Desear o discriminar el cuerpo del otro. Una lectura de Conversación en La Catedral”.
Lorena López Torres (Universidad Austral de Chile). “Confesiones de La Monja/Soldado Catalina De Erauso. Receptáculo, expansión masculina y disfraz”.


Más información en:



Organizan: Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos Antonio Candido (GELLAC), Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal.
Patrocina: Centro Cultural de España.

miércoles 14 de octubre de 2009

Homenaje a Marcos Yauri Montero



I Coloquio Internacional "Revisando los Discursos Andinos":

Homenaje a Marcos Yauri Montero (Así que pasen los tiempos)


Programación


Lugar: Salón de Grados "Antenor Orrego" (Paraninfito) Facultad de Humanidades
Universidad Nacional Federico Villarreal Av. Nicolás de Piérola 351 (Ex-Colmena)


Jueves 15 octubre

11:00 – 1:00 p.m.
Conferencia magistral:
- Zenón de Paz (Filosofía andina).


2: 00 – 3:30 p.m.
Mesa 3: Representaciones populares andinas.

- Elías Rengifo (UNMSM): El guión del Warachikuy. Teatro popular andino e intertextualidad exoliteraria.
- Giuliano Terrones (UNFV-PUCP): La Identificación de símbolos indígenas en el auto sacramental Robo de Proserpina y sueño de Endimión de Juan Espinosa Medrano.
- Milagros Carazas (UNMSM): El testimonio oral y el sujeto andino ante la modernidad. El caso del Callejón de Conchucos - Ancash.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Misticismo afroperuano en la Colonia

En foto: Martín de Porras Velásquez (1579-1639)


En foto: Úrsula de Jesús (1604-1666)


Como se recordará, Martín de Porras Velásquez (1579-1639) ejerció los oficios de barbero y enfermero e hizo de la escoba un símbolo de humildad y obediencia. Como dice su biógrafo José Antonio del Busto (2006): “era limeño, bastardo, mulato y donado, y su vida fue tan virtuosamente llevada que resulta explicable que la gente empezara a mirarlo como un logrado caso de santidad”.
Ahora bien, falta mencionar a los virtuosos, es decir, aquellos personajes que llevaban también una vida religiosa contemplativa y mística, muy destacados en su época; pero que, hoy, por diversas razones y circunstancias se sabe de ellos por algunos pocos libros, muchas veces biográficos. En una ciudad como Lima, donde se concentraba la mayor cantidad de santos de la Colonia, resulta que la lista de estos religiosos es bastante extensa, tal como apunta el historiador Rafael Sánchez-Concha en su detallado libro Santos y santidad en el Perú Virreinal (2003). En esta ocasión, quisiera mencionar únicamente a los afrodescendientes como Estefanía de San José en el s. XVI, Miguel de Guinea y Úrsula de Jesús en el s. XVII (de quien nos hemos referido antes en este blog), así como María de la Cruz de la Santísima Virgen y de la Luz en el s. XVIII.
Ya que me he referido a ellos será justo ofrecer alguna información sobre cada uno. Según Sánchez-Concha (2003:206-207), Estefanía de San José fue una mulata, más precisamente hija de una negra esclava y de un español desconocido, quien nació en Cusco en 1561. Al morir su amo, el encomendero Diego Maldonado El Rico, obtuvo su libertad pero sus hijos igual la sometieron a la esclavitud. Ella abandonó su tierra y se dirigió a Lima, para reclamar justicia a las autoridades, quienes la declararon exenta de toda forma de servidumbre. Es así que Estefanía decide convertirse en terciaria franciscana. Su vida la dedicó a la oración, realizar quehaceres cotidianos y ayudar a los enfermos. Recogió cuatro niños indigentes españoles (dos varones y dos niñas), los que más tarde vistieron también los hábitos. Al enfermarse gravemente fue visitada por el virrey. Murió el 9 de mayo de 1645.
Para Sánchez-Concha (2003:216-217), Miguel de Guinea fue un esclavo de África, con más exactitud un negro bozal, que vivió en Lima en el s. XVII. Fue de propiedad del capitán Fernando Bravo de Lagunas. Con el tiempo recibió el bautismo y se dedicó a una vida ejemplar de adoración a la Eucaristía y de adoración a la Virgen, imponiéndose incluso una dura disciplina sobre su cuerpo que concitó la admiración de los españoles. Se sabe que predijo el día de su muerte y que fue seguidor de Francisco del Castillo.
María de la Cruz de la Santísima Virgen y de la Luz, cuenta el propio Sánchez-Concha (2003: 239), fue de casta zamba nacida hacia 1750, quien se convirtió en monja mercedaria. La muerte de esta virtuosa, acaecida el 27 de marzo de 1810, congregó a muchísimas personas y no faltó quien intentó quedarse con algún recuerdo de sus vestiduras.
Esto valga para llamar la atención sobre la necesidad de seguir investigando acerca de estos personajes afrodescendientes, cuya vida religiosa destacó sobremanera en su momento, a pesar de que se desenvolvieron en el contexto de la Colonia, en medio de una sociedad discriminadora, que marcaba las diferencias sociales, económicas y étnicas.

lunes 7 de septiembre de 2009

“HISTORIA E IDENTIDAD AFROPERUANA”



CICLO DE CONFERENCIAS “HISTORIA E IDENTIDAD AFROPERUANA”


Desde hace algunas décadas, la cultura afroperuana es considerada como parte importante de la tradición e identidad nacional. Sin embargo, también son frecuentes los estereotipos y desconocimientos en relación al lugar y a la contribución de la ascendencia africana en el Perú. El Ciclo 'Historia e identidad afroperuana' busca acercarse, desde la historia, la literatura y el folklore, a las distintas formas en que el aporte cultural afroperuano ha actuado y ha sido percibido hasta ahora por los otros grupos culturales peruanos.


Fechas:


9 de setiembre

Los afroperuanos en la historiografía peruana

Maribel Arrelucea


16 de setiembre

Hacia la inclusión del sujeto afroperuano en la literatura

Milagros Carazas


23 de setiembre

Devenir del folklore afroperuano

Octavio Santa Cruz



Hora: 7 p.m.


Lugar: CC Inca Garcilaso de la Cancillería (Jr. Ucayali 391, Lima)

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ENTRADA LIBRE