martes, 2 de diciembre de 2008

José Manuel Valdés, una aproximación a su obra poética



Por MC

José Manuel Valdés (1767 – 1843) fue un médico, latinista, poeta, parlamentario y personaje ilustre de la sociedad limeña de finales del s. XVIII y mediados del s. XIX. La historiografía de tendencia biografista[1] ha sabido reconocer su aporte a la medicina peruana, pero su obra literaria todavía dispersa y sin reeditar no ha sido estudiada como merece por la crítica local, a pesar de ser considerado por Ventura García Calderón (1938: 250) “el último de los místicos peruanos”.
Nuestro interés se centra principalmente en difundir y valorar la producción literaria de Valdés, ya que se trata del sujeto afroperuano que logra incursionar en el espacio de lo criollo y se apropia del discurso dominante, dando origen a una obra, si se quiere mestiza, sincrética y transcultural, en la que se aprecia sin embargo una identidad conflictiva. Con este objetivo se analiza algunas de las odas que se publican tempranamente en la prensa limeña, entre 1821 y 1825, dentro del contexto de la emancipación del Perú, sin dejar de mencionar su obra posterior, como Poesías espirituales (1818), el Salterio peruano (1833) o la biografía de San Martín de Porres.
Para empezar, el reconocido investigador Fernando Romero afirma, en Safari africano y compraventa de esclavos para el Perú (1412-1818), que el primer negro llega al Perú en 1528, como parte de la expedición de Francisco Pizarro en busca del Tahuantinsuyu, en lo que se recuerda como los “Trece de la Isla del Gallo”. Ahora sabemos que, en realidad, los que continuaron el viaje fueron más bien 14, con mayor exactitud los 13 españoles y un “negro de guinea”. No ha quedado registrado su nombre, pero por lo menos se sabe que era un “esclavo” que acompañaba a Alonso de Molina (Romero 1994: 99).
Este encuentro entre blancos, indígenas y negros resulta muy significativo, ya que representa los tres grupos étnicos que formarían nuestro país en adelante. Desde la perspectiva de Tzvetan Todorov, en La conquista de América. El problema del otro, este es el momento en que se descubre al otro y surge entonces la problemática de la alteridad (el reconocimiento que hace “uno” del “otro”) y la identidad (sinónimo de unidad) (Todorov 157). Es decir, el yo se reconoce a sí mismo como parte de un grupo con el que se identifica y se establecen relaciones con el otro, que es diferente. Esto se inició en el siglo XVI y desde entonces se ha dado un largo proceso de intercambio, mestizaje racial y sincretismo cultural cuyos efectos y consecuencias traumáticas se perciben hasta hoy en el Perú.
Como se sabe, durante la Colonia se usaron distintas categorías para referirse al negro o debiera decirse para señalar al otro, en especial, su situación social, por ejemplo, bozal (esclavo africano), ladino (esclavo aculturado), cimarrón (esclavo fugado), horro o liberto. Más adelante, en el siglo XVIII, se pone énfasis en clasificar los individuos de acuerdo con el color de la piel. Esta clasificación pigmentocrática[2] generó otras posibilidades, atendiendo a la mezcla racial. En el caso del poeta Valdés, sus biógrafos así como los críticos insisten en señalar que era “mulato” (entiéndase, procede de la relación entre un varón blanco y una mujer negrai) o “zambo” (vale decir el hijo de una relación entre un varón negro y una mujer mulata), aunque atendiendo a esta caprichosa división él era un “chino” (como resultado de la unión sexual entre un varón indio y una mujer negra). Lo cierto es que nuestro autor nació de María del Carmen Cavada (una liberta de Lima) y Baltasar Valdés (natural de Saña), en 1767.
Como es de conocimiento, los esclavos y los libertos, tenían diferentes trabajos para subsistir. Las mujeres eran las amas de leche, realizaban labores domésticas y ocasionalmente se convertían en las amantes de sus dueños; en cambio, los hombres ocupaban oficios diversos como tamaleros, aguateros, caleseros, domésticos o fruteros. Estas imágenes pueden apreciarse en los retratos de la época, el mejor ejemplo de ello es el caso del afrodescendiente Francisco Fierro, acuarelista destacado sino el más importante del Perú decimonónico, el mismo a quien debemos uno de los retratos de Valdés.[3] Los padres de José Manuel Valdés (a partir de ahora JMV) hicieron lo propio para subsistir en este difícil contexto colonial, él era músico y ella una lavandera, por lo que el hijo tuvo como padrinos a una pareja de españoles más adinerada, su padrino fue un boticario.
Ahora bien, los afrodescendientes durante la Colonia no tenían muchas posibilidades de ascenso social, por lo que estaban impedidos de ingresar al campo militar, académico y clerical; ya que se exigía un legítimo origen social y étnico. Esto no frustró a Valdés quien logra ejercer la medicina y la docencia con el tiempo, aunque no pudo concretar “el estado sacerdotal” por más que lo intentara (Rabí 199).
Por otro lado, en opinión del sociólogo José Carlos Luciano (1956-2002) en su reconocido libro Los afroperuanos. Trayectoria y destino del Pueblo Negro en el Perú, sostiene que: “El Perú hasta hoy no ha hecho una ruptura psicológica y colectiva del trauma de la esclavitud y del colonialismo; ese trauma todavía lo seguimos heredando, reproduciendo en las relaciones cotidianas” (Luciano 129).
Efectivamente, en la actualidad, la población afroperuana lleva sobre sus hombros una pesada carga, que afecta su vida diaria y restringe sus derechos como ciudadano ya que todavía están vigentes las imágenes negativas y los estereotipos raciales así como el racismo de herencia colonial que se manifiestan en diferentes espacios sociales (públicos e incluso privados como la familia). Es notorio observar aún conductas discriminadoras y actitudes prejuiciosas en los peruanos, más si pertenecen a la clase adinerada de la sociedad, que prefiere el blanqueamiento y la alienación cultural.
Ya hemos visto que al llegar el primer “negro” a estas tierras queda invisibilizado por la historiografía oficial. Es decir, su aporte ha sido negado u olvidado estratégicamente por mucho tiempo. Pero en años más recientes se ha emprendido una valoración de la cultura afroperuana aunque todavía sigue siendo considerada como un elemento marginal, quizás festivo y hasta sensual, por algunos grupos de poder.
El hecho es que el afroperuano se hace visible como un miembro integrante de la sociedad peruana; éste aparece también en los discursos, es descrito por medio del lenguaje, en un intento de representación del otro, aparece entonces en la literatura como personaje y, en el caso específico de JMV, como un autor que incursiona tempranamente en las letras peruanas, a pesar de que cierta crítica localista y esquiva no le mencione con regularidad.
En su época JMV es considerado como “insigne médico y distinguido literato”, así aparece descrito en la acuarela de Francisco Fierro y en las notas que presentan su obra poética en los diarios de entonces. Asimismo, la crítica posterior del s. XIX se preocupó más de los datos biográficos del Doctor Valdés, relegando su obra literaria a un segundo lugar. Sin embargo, algunos críticos del s. XX valoran su producción, sobre todo aquella influenciada por el misticismo, a saber:
Según Marcelino Menéndez y Pelayo, en Antología de la poesía hispano-americana publicado en 1894, “la literatura peruana del siglo XIX empieza propiamente con el médico D. José Manuel Valdés […] los Salmos, muy notable por la pureza de lengua y por la sencillez y dulzura del estilo que sabe á Fr. Luis de León en muchos trozos” (Menéndez y Pelayo CCLXI-CCCLXII).
José de la Riva Agüero, en Carácter de la literatura del Perú independiente de 1905, escribe que “belleza suaves y modestas, como las del Salterio, presentan algunas de las Poesías espirituales de Valdés” (Riva Agüero 101).
Para Luis Alberto Sánchez, en Los poetas de la Colonia de 1921, “son las Poesías espirituales de las mejores de Valdez, quien por su inspiración y estilo, bien podría ser considerado entre los poetas de la Colonia” (Sánchez 307).
Mientras que Antonio Cornejo Polar, en Historia de la literatura del Perú republicano editado en 1980, apunta que “dentro de la obra de José Manuel Valdés (1767-1843) tiene mucha importancia su Salterio peruano y en general su poesía religiosa que la alusiva a los hechos e ideas de la Emancipación y primeros años de la República” (Cornejo Polar 16).
César Toro Montalvo, en su Historia de la literatura peruana, se refiere a la poesía de JMV, en los siguiente términos: “El Salterio peruano reveló prodigiosamente los dotes literarios de José Manuel Valdés [...] es un bello libro místico escrito en forma de salmos, con estrofas de cuartetos endecasílabos, mezcla la visión compasiva del pueblo y la entrega a Dios” (Toro Montalvo 229). El historiador y recopilador resume el contenido de los textos de JMV, a quien cita copiosamente, mientras combina sus breves notas sin mayor criterio valorativo con más citas extensas de otros autores.
En opinión de Ricardo González Vigil, en Literatura. Enciclopedia temática del Perú de 2004, “también merece ser recordado el médico mulato, catedrático de San Marcos, José Manuel Valdez. Publicó aportes científicos y, por otro lado, poemas religiosos nada desdeñables, con algunos conatos de misticismo” (González Vigil 70).
Si se observa con detenimiento la extensa y variada obra de JMV, se puede apreciar que ésta se puede subdividir en dos grandes grupos como: a) obra científico-médica y b) obra literaria. Cada una está integrada por algunos títulos más, como por ejemplo:

• Científico-médica
Publica artículos en el Mercurio Peruano con el seudónimo de Joseph Erasistrato Suadel, entre 1791 y 1792, principalmente.
Uno de sus trabajos más relevantes de la época es sin duda La eficacia del bálsamo de copayba en las convulsiones de los niños, publicada en 1807, que presentara como tesis para graduarse en la Universidad de San Marcos, entre otros.

• Literaria
Poesía patriótica:
“Oda dedicada al Ayuntamiento o Cabildo de Lima” (1813)
“Oda dedicada al Libertador San Martín” (1821)
“Oda a Lima libre y triunfante” (1822)
“Oda dedicada a Simón Bolívar” (1825)

Poesía mística:
Poesías espirituales (1818)
Salterio peruano (1833)
Literatura de no ficción (Biografía)
Vida admirable del bienaventurado fray Martín de Porres (1840)

Ahora bien, JMV es un autor que empieza a publicar en el diario El Verdadero peruano en 1813, periódico dirigido por Tomás Flores y el fiscal José Pezet. Aquí aparece su conocida “Oda con motivo de la elección popular del Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad, celebrada en el mes de diciembre de 1812, con arreglo a lo prevenido en las constituciones de la monarquía española”. Vale la pena recordar que España ha sido invadida por Francia y el joven rey Fernando VII ha huido a Portugal. En la península ibérica así como en las colonias americanas, se han organizado las Cortes de Cádiz en 1810; son tiempos convulsionados y de cambios, que dan origen a una Constitución liberal en 1812. Es en este contexto que JMV, seguramente entusiasmado por los ideales de igualdad entre ciudadanos y de exaltación a la patria americana, que decide dar a conocer su primera entrega.[4]
La oda está compuesta por 23 estrofas, cada una contiene 6 versos en los que se combina heptasílabos y endecasílabos (7, 11, 7, 11, 11, 11). Así se cuenta con 138 versos en su totalidad. JMV prefiere los versos paroxítonos (o graves). La rima es consonante, de preferencia aBaBCC.
En cuanto al contenido se observa que el Yo lírico apela a la musa en sus primeros versos, tal como se solía hacer en la poesía clásica de los griegos. Más adelante, con el don de la poesía adquirido se canta a Lima, con la cual se identifica, y es asumida como la patria, que al ser liberada adquiere cierta sabiduría; por consiguiente, es un espacio que se convierte en ideal para el desarrollo de las ciencias y las artes. También es notoria la presencia de elementos de la mitología grecolatina, se apela a los dioses Apolo, Marte y Maya. Es un Yo lírico que celebra la libertad y, en particular, hace un homenaje a su ciudad natal.
Más adelante, el contexto es otro. El rey retorna a España en 1814 y anula la Constitución liberal, con lo que se pretende regresar al sistema colonial opresor anterior. La respuesta de las colonias americanas no se deja esperar, pronto la campaña de independencia en Argentina y Chile, son noticias del día. En 1820 José de San Martín desembarca en la bahía de Paracas y, como se sabe, la proclamación de nuestra independencia se da al año siguiente, en 1821. Es con este motivo que JMV publica una segunda oda, esta vez dedicada al Libertador, en el diario Los Andes libres ese mismo año.
Esta “Oda al Protector de la Libertad del Perú” consta de 27 estrofas, cada cual integrada por 6 versos en los que se combina versos heptasílabos y endecasílabos (11, 11, 7, 11, 11, 7). De modo que se obtiene 162 versos paroxítonos de rima consonante (AAbCCb).
Se trata de un texto en el que aparece un Yo lírico invocando a la musa Clío en sus primeros versos. Es entonces su lira, entiéndase la poesía, la que canta al “Genio San Martín”, llamado también héroe y campeón. Al parecer es parte del estilo de JMV mencionar elementos de la cultura clásica grecolatina, en esta ocasión se alude a las musas, Apolo, Marte y Hesperia e incluso personajes históricos, como Washington. Lo que evidencia el conocimiento del autor del acontecer histórico de su época. Además, se menciona nuevamente a Lima como un espacio de progreso, es descrita como devota e independiente.
Así JMV nos proporciona la imagen de Lima como una ciudad vencedora que exhibe orgullosa la religiosidad cristiana de sus pobladores y la separación política de España por propia decisión, aunque se siga ligado culturalmente a occidente, basta notar sus referentes. Se trata incluso de un espacio donde “las ciencias y las artes aparecen” y “estudian profesores eminentes”, es decir, con estos versos se construye la imagen de la “ciudad letrada”, para recordar a Ángel Rama.
Aunque no son motivo de análisis en esta investigación, quisiera señalar que en las otras odas patrióticas de JMV –“Lima libre y triunfante” (1822) y en “Al Excmo. Señor Libertador Simón Bolívar” (1825)–, se repiten algunos elementos, a saber: a) polirritmia métrica (versos paroxítonos, combinando heptasílabos y endecasílabos), lo que nos recuerda a poetas como Fray Luis de León y San Juan de la Cruz, quienes prefirieron la lira,[5] según Fernando Romero en Salterio...; b) elementos clásicos greco-latinos y personajes históricos; c) un Yo lírico que se dirige a un TÚ, sea el personaje a quien se dedica la oda, Dios o la ciudad de Lima; y d) referirse a la lira como metáfora consabida para aludir a la poesía, ya sea de la divinidad o a la propia creación.
Cabe agregar que JMV la población que alude es una masa homogénea de peruanos muy valiente que busca justicia, vale decir, una “populosa nación” que ha conseguido para sí la liberación del opresor, ambicioso y tirano español. Llama la atención que en dicha representación no se describa la sociedad colonial dividida en estratos sociales, raciales y culturales, como aparece en otras referencias literarias previas, piénsese en Pedro de Peralta y Barnuevo en Lima fundada (1732) o Concolocorvo en Lazarillo de ciegos caminantes (1773).
Como se ha demostrado con anterioridad, la crítica local todavía excluyente y paternalista no ha valorado en su justa medida la obra literaria de autor ni tampoco su trascendencia para la literatura peruana. En contraposición, la crítica extranjera, más visionaria y con mayor apertura, entiende la importancia de la obra valdesiana para la literatura hispanoamericana. Así:
Según M’bare N’gom de State Morgan University (EE. UU.), sostiene que “la publicación de Poesías espirituales (1818), del protomédico limeño José Manuel Valdés puede ser considerado como uno de los primeros textos literarios escrito por un afrodescendiente en Hispanoamérica” (N’gom 39).
Efectivamente, el esclavo cubano Juan Francisco Manzano da a conocer su Autobiografía hacia 1835 y Gabriel de la Concepción Valdéz publicó su Poesía en 1838, estos son considerados los primeros autores afrohispanos en publicar. Tampoco se puede olvidar que JMV atestigua en una carta que él ha publicado tempranamente textos poéticos religiosos en 1814, a saber:

“En los cortos ratos de reposo que me permite mi laborioso ministerio, me entretengo a las veces componiendo algunos versos piadosos, de los que suelo después sacar copias para mi familia y para las personas virtuosas que conozco. A solicitud de éstas mandé imprimir en el mes de abril del año pasado algunas de las composiciones poéticas que más les complacían y que fomentaban su devoción. Más el impresor no satisfizo mi encargo hasta el mes de pasado de diciembre” (Rabí 197-198)

En realidad, falta investigar con más detenimiento las publicaciones sueltas (sonetos, décimas, cantos y demás) realizadas por el autor afroperuano que aparecieron en diarios efímeros o por medio de ediciones con tiraje limitado. Inclusive muchas veces él firmaba apenas indicando sus siglas y es posible que en otras ocasiones lo hiciera de manera anónima, tal como se estilaba en los diarios y revistas durante el periodo de la Emancipación, por ejemplo.
En opinión de José Jouve-Martín (2008) de la McGill University (Canadá), uno de los casos más interesantes del surgimiento de negros y mulatos ‘letrados’ a finales del periodo colonial y la forma cómo llegan a convertirse en ‘intelectuales’ o ‘escritores’; es el del médico peruano José Manuel Valdés.
Consideramos que falta estudiar la obra literaria de autores afroperuanos en nuestro contexto, más si corresponden al periodo de estabilidad colonial (1580 – 1780), como lo ha llamado Carlos García-Bedoya, y al periodo republicano del s. XIX. Es decir, realizar una investigación valorativa e interdiscliplinaria, ajena a la perspectiva discriminadora y excluyente, que tenga como objetivo principal “visibilizar lo afroperuano” en la literatura y, por extensión, en las ciencias sociales –quiero creer como JMV y pensar que este trabajo es un buen inicio–.
Para terminar, JMV (1840) se consideraba “de ínfima clase y humilde nacimiento”, al igual que San Martín de Porres, a quien admiraba mucho y del cual escribió una importantísima biografía, quizá una de las primeras. Esto indica que él estaba totalmente conciente de su condición social y etnicidad, con lo que estaría reafirmando su propia identidad, en palabras más sencillas. Incluso es posible que se aluda además a la humildad como una virtud cristiana, pues el autor deseaba ser eclesiástico; de modo que reconocía su ser a partir de sus propias debilidades y limitaciones y obraba de acuerdo a este conocimiento, para combatir sobre todo la altivez y el orgullo.
En una sociedad colonial clasista, discriminadora y hasta racista, JMV logra con mucha perseverancia demostrar sus dotes que lo convierten en el afroperuano más destacado del periodo de transición entre la Colonia y los inicios de la República, así llega a incursionar exitosamente en el espacio criollo al dominar las ciencias y las letras. Pero ante todo y sin discusión alguna se convierte en el poeta místico de armoniosa lira más relevante de nuestra literatura.

Notas:

[1] Se han ocupado de la biografía de Valdés autores tan dispares como José Antonio de Lavalle, Hermilio Valdizán, Fernando Romero, Carlos Enrique Paz Soldán, Juan B. Lastres y, más contemporáneamente, Héctor López Martínez, entre otros.
[2] En el Virreinato del Perú, la mezcla racial a partir del blanco, indio y negro tuvo como fuentes principales los Cuadros de mestizaje del virrey Amat pintados en 1770 y el libro Observaciones sobre el clima de Lima y sus influencias en los seres organizados, en especial el hombre (1806), de Hipólito Unanue (1806). Sobre las castas mixtas, puede leerse los trabajos de Estenssoro (2000) y Busto (2001), respectivamente.
[3] Es sabido la ocurrencia de personajes afroperuanos en las acuarelas de Francisco Fierro (1807-1879), así como los grabados del libro Lima, Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres (1867), de Manuel Atanasio Fuentes.
[4] Por falta de espacio no se ha podido incluir las odas analizadas del autor. Para mayor información, revisar estas en la recopilación realizada por Aurelio Miró-Quesada Sosa en La poesía de la Emancipación (1971: [230]-235, [339]-343 y [432]-440).
[5] La lira es una forma estrófica de 5 versos que combina dos endecasílabos (el segundo y el quinto versos) y tres heptasílabos, cuya rima es aBabB.


Ponencia leída en Congreso Internacional: Perú Siglo XXI - Universos discursivos en la prensa peruana, 9 de julio de 2008.