lunes, 11 de enero de 2010

El Ingenio de Buenos Aires

En foto: Plazuelita de El Ingenio.


Viernes 8 de enero de 2010

Hemos regresado por el camino abrupto y pedregoso hacia La Pilca pero en esta ocasión nos hemos detenido en el Ingenio. Cuando uno llega y atraviesa la calle principal, se observa al fondo una chimenea que recuerda la época de la hacienda, cuando se sembraba caña de azúcar. En la plaza converso con don Israel y me cuenta que él trabajaba arriando el ganado, como se dice, de sol a sol, desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. El trabajo era difícil, arduo e inclemente bajo el sol piurano y el calor que supera los 30 grados centígrados. Don Israel es un anciano parco y curioso, la vista empieza a fallarle, sus manos callosas y grandes revelan que en sus años mozos era my trabajador. Hoy lo encuentro sentado en una banca del parque, reposando sus años, refrescándose del calor agobiante. Como es sabido, el auge de la hacienda acabo con la reforma, la cooperativa llegó después, pero aquí la casa-hacienda se destruyó, apenas unos derruidos muros quedan como testimonio. Me pregunto si los trabajadores en un afán de venganza o en un intento de cancelar el pasado los llevó a acabar con esta.
El Ingenio viene experientando un nuevo resurgimiento, cada vez más llegan andinos a trabajar en los alrededores, aún así la población afroperuana es notable. Entonces el Ingenio crece y se vuelve más populosa, mientras que La Pilca se convierte en un poblado más apacible.
Ahora los niños chapusean en la acequia, allí vamos para guarecernos del sol. Una ventena de tordos entre los carrizos resulta todo un espectáculo a la vista. Ellos acostumbran a andar en grupo. Son negros, hermosos y maravillan a cualquiera con sus cantos, pueden imitar a otras aves, así que intento un silbido nuevo pero solo me ignoran. Como siempre la chilala se burla con su canto. TAD me dice que prepare la cámara y efectivamente para alegría nuestra, hay un pequeño martín pescador en el árbol que nos da sombra. Es una tarde inigualable. Allá en el horizonte, entre juncos, se encuentra el sol enrojecido, escondiéndose poco a poco entre nubes grises que anuncian la lluvia, el agua de la acequia se aclara y puedo ver las piedras del fondo. Parece que observo un paisaje oriental pero no es así, es el Ingenio de Buenos Aires. Pasado las 5 cuando el viento empieza a soplar fuerte y barre las calles, regresamos a Morropón.

1 comentario:

Lorena dijo...

Que tal, mucho gusto.
Espero no molestar, pero el fin es solicitarle informacion sobre el transporte hacia el centro poblado El Ingenio , su duracion y si cuenta con agua y luz, le solicito dicha informacion por motivo de encontrarme proxima a realizar el SERUMS, al ser Medico. Y encuentro muy poca informacion al respecto
Gracias